No por esperada la hora de la partida pierde su dolorosa tristeza. Quien viene para el bien, es bien recibido. Viven en nuestros recuerdos.

HORA DE COSECHAR.

Es este un poema elaborado en ocasión de hondo pesar, es ley de vida, nuestros mayores, por edad, han de marchar, después de una vida sufrir, después de la vida gozar, parten para su fruto, su cosecha, en el más allá, encontrar, así que aunque la pena, la tristeza, no se puede, no se debe, evitar, en que de mejor vida, y no son palabras vacías, van a gozar, es consolador, es justo, es necesario, es bueno, pensar. (Y así, este poema escrito para mi amiga Isabel, va ya a acabar)

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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UN HONOR, UN PLACER.

Bienvenidos, entre amigos, bien hallados, sois hermanos, un placer es para los sentidos, poder estrechar vuestras manos.

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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RECUERDOS DEL/DE LA AUSENTE.

Algo, mucho, se muere en el corazón y en el alma, en el corazón y en el alma algo, y no poco, se rompe, cuando un amigo, amiga, nos abandona, se va, cuando aquí ya no esta, cuando esta en el más allá, cuando se va definitivamente, para siempre, cuando llega, para que eufemismos, la muerte.

Mas se ha de tener, intentarlo, el animo fuerte, se ha de llorar, evidente, se ha de vivir, siempre, y así cuando el tiempo pasado se recuerda, cuando de la nostalgia se tensa la cuerda, cuando se reviven los recuerdos en nuestra mente entre la melancólica tristeza, esbozarse puede una sonrisa.

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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PEDRO.

Pedro era, y porque no, es, su nombre, Pedro significa la piedra, la roca, era joven, atrevido, casi ya un hombre, ducho en el arte de la palabra en boca, para las mujeres nunca una bicoca, de la baraja de la vida, futuro rey, vivía la vida como joven sota, más así es la de vida ley, cuando toca marchar, toca. Dolor y pesar en su grey, él en su moto, de accidente, se fue, llanto, tristeza, que no fue poca. Cada cual lo que quiera puede creer, el tiempo pasa, a la roca moldea la gota, hay quien dice que aún, a él, y con alas, en moto lo evoca quien ahora así lo ve, quizás, seguro, no se equivoca.

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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VIDA EN VIDA.

Condena que se dio en vida, vida a un cuerpo condenada, vida postrada, mas vida, vida a la vida encadenada, vida que fue vida aún siéndolo en un cama atrapada, ayer todo amor, hoy, en apariencia, el vacío de la nada, la libertad plena, bien a pulso ha sido ya ganada risa que flota, el del alma ya de la tierra liberada, un gesto burlón de “Tonin” veréis con la mágica mirada.

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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SONSOLES.

Conocerte, no te conocí, en persona, Sonsoles, aunque siento, sé, que tus ojos eran de luz soles, que sin medida, sin mesura, eran tus dones, que tus risas, que tus milagros fueron montones. Que eras, que siempre serás, un corazón que libre latía, un joven espíritu en la que un alma sabia y vieja residía, una alegre niña de siete años que de cáncer se moría, y que, así fue, justo y necesario, saberlo lo sabía. A mí y a los que esta historia una amiga nos contaba, la emoción del sentimiento a nuestros ojos se asomaba, y sentir no sentíamos cada uno todo, todo y a la vez nada, ante esta lección, dura, pero cierta, de la vida narrada. Sus padres usaron de todo su económico poder, hicieron cuanto humanamente se podía, y más, hacer, mas, ante la amarga realidad tuvieron que ceder, a su hija muerta aún casi antes de vivir habrían de ver. Los médicos, atónitos, escuchaban a Sonsoles decir, tranquilos, ya sé que me voy, que pronto he de morir, pero dice mi mama que será como si fuera a dormir, que un muy bello y hermoso sueño voy a alegre vivir. Mi mama me dice que va a ser un sueño muy bonito, que vendrá, en el sueño, a por mí mi de la guarda angelito, que no pase miedo, que será solo un momento, un ratito, que no me dolerá, que dejara ya de estar mi cuerpo malito. Mi mama me dice que mientras yo sueñe al cielo me iré, que desde allí a mis papas y a mis dos hermanos veré, que siempre, siempre, que lo quiera con ellos yo estaré, que en las fotos, que en los videos, en el recuerdo, viviré. Mi mama esta triste, aunque no quiere que la vea llorar, yo estoy triste por que no quiero a mis papas y hermanos dejar, pero es tan bonito el cielo, que me tengo ya que marchar, pronto, lo sé, es el momento, ese sueño voy a soñar. Sonsoles ya el sueño de los ángeles buenos soñó, Sonsoles ya de este mundo terrenal en paz se marcho, Sonsoles ya para encandilar, seguro, a San Pedro partió, y un nuevo y maravilloso ángel en el cielo, sin duda, nació.

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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