Caminante, corazón errante, firme en su caminar,
a lo lejos, el más bello paraje alcanzó a vislumbrar,
que valle, que colores, que vista, quisiera allí llegar,
así pues, hacía tal hermosura encamina su andar,
mas, pobre de él, por el camino no puede pasar,
con un rotundo “Prohibido el paso” se va a topar.
Quisiera, como no, tan hermoso lugar visitar,
mas las leyes, por respeto, no puede violentar,
a la dueña del paraje, ni se puede, ni se debe quejar,
suyo es el camino, evidente, libre es su actuar,
aunque triste, sabe que nada puede objetar,
precio no tiene aquello que no se puede ganar.
Entiende él pues que su deseo debe abandonar,
pues mejor es en su desconsuelo más no ahondar,
lo que debe hacer es de dicha maravilla sus ojos retirar
y en la búsqueda de otros destinos perseverar,
mas antes del principio del prohibido camino dejar,
esto a su dueña y señora se permite comentar.
“Que un ingenuo soy, quizás, vas a pensar,
mas esto mujer, te tengo que bien aclarar,
hoy por hoy, no puedo tus dominios atravesar,
mas donde esta este camino lo voy a recordar,
y aunque en mis viajes me haya de desviar,
no es raro que por aquí me traiga mi rondar”
“Merece la pena, duda no tengo, por aquí transitar,
que la vida es vivo cambio no se puede negar,
la vida da muchas vueltas, y puestos a esperar,
quien sabe, lo que el futuro puede deparar,
quizá que el “Prohibido el Paso” lo decidas retirar,
y si no es así, caminante, en el viento, a caminar.