La Cabalgata de Reyes de mi ciudad, Alcoy, es la mas antigua de Espana.

DALE.

Dale a la zambomba, dale a la matraca, dale al matasuegras, dale a la pandereta, dale y canciones navideñas, villancicos, canta, que quien canta, eso dicen, su mal espanta, dale, eso sí, muchachos, con moderación, al mazapán, a los dulces y licores, al turrón, celebremos de nuevo esta dichosa ocasión, que siempre sea agradable y feliz la reunión.

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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LA NOCHEVIEJA.

Espíritu joven, alma vieja, ya esta aquí la Nochevieja, se va el año que se acaba, sin una queja, se celebra, en familia, amistad, o en pareja, de la vida, como siempre, sigue la madeja, longevo y feliz sea quien con amor su sino teja.

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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CENA DE NOCHEVIEJA DEL 2002.

Dándole como le estamos dando, amigos, al terminado año, este, entre buenos amigos, festivo y adecuado broche, en esta, última del terminado y primera del viniente año noche, con festivas galas, alegría y ambiente de oro en paño, no será este poeta en enhorabuenas y felicitaciones tacaño, así que, os deseo; “Ventura sin fin, siempre, y no sólo esta noche, esperanzas y alegrías, todas, tristezas, pocas, y ningún reproche”. Sea pues, en sidra o cava, este brindis adecuado bautizo y baño.

Por ello, os deseare de corazón lo que se deseaba antaño; “Que sin fin sea en riquezas, de amores y afectos, el derroche.”

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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YA LLEGAN LOS REYES MAGOS.

Y cada primera semana de Enero se hace un guiño, un guiño de ilusión se hace a mi alma de niño, de niño alma que lo vive siempre con cariño, con cariño vive el de la Cabalgata de Reyes brillo.

En Alcoy, como casi desde siempre, desde antaño, en un sentido e intenso rito repetido año tras año, de camellos, dromedarios, llegan de tres un rebaño, llevan sus dueños cofres envueltos en rico paño.

Melchor, Gaspar y Baltasar, los tres Reyes Magos, como presentes al Niño Dios los llevan en sus manos, y además de la ilusión traen a los niños regalos, regalos, la verdad, que con alegría esperamos, pues de ser niños, nunca, del todo de serlo dejamos.

Es por ello que orgullosos a los niños enseñamos, enseñamos las escalas con los siervos, que no esclavos, siervos de reyes, negros, con rojos o verdes paños, y con ellos, subir a los balcones y ventanas deseamos, mientras que la eterna canción de la ilusión entonamos.

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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