MANA DEL CIELO.

Ese pájaro que alegre trina en el árbol que da la “oliva” al cansado caminante anima, lo anima en su cansancio, en su fatiga.

Esa refrescante del viento brisa, trae de la naturaleza el encanto, la risa, disminuye del caminante la prisa, ver, admirar, la naturaleza se precisa.

La vegetación verde que se divisa, el paraje fresco y vivo en su verde vida, la atmósfera pausada, tranquila, en la que el estrés, el mal humor, se disipa.

Sea esta sensación siempre bienvenida, sea siempre con placer del alma sentida, sea por ti en su esplendor recibida, sea, por siempre, de corazón, bendita.

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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EL CANTAR DE LOS MAGOS.

Cuentan y aseguran las ya demasiado lejanas crónicas, relatan las ya pasadas, olvidadas y añejas historias, quedan dichos hechos en las pérdidas y viejas memorias, que hubo un tiempo de puro viejo ya lejano e incierto, que hubo un mundo mágico hoy ya perdido y lejano, que existió un código, un honor, un sentido, ya olvidado, dicen en fin, que el mundo era puro joven de ya tan viejo, cuando por él caminaban los magos, siempre de talante viajero.

En ese tiempo era el poder de la magia sincero por entero, era su maestría pura, era su empeño de saber verdadero, miraban al futuro, vivían el presente, recordaban el pasado, estudiaban y buscaban de la adolescencia al pelo cano. Creedme, amigos, así era, así fue, es verdad, es cierto. Se recorrieron ya del de las vidas aguas muchas norias, y aunque ya no andan como antes por el del mundo infinitas vías, aun algo queda cuando rimas, cuando cantas y la música tocas.

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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