MANA DEL CIELO.
Ese pájaro que alegre trina en el árbol que da la “oliva” al cansado caminante anima, lo anima en su cansancio, en su fatiga.
Esa refrescante del viento brisa, trae de la naturaleza el encanto, la risa, disminuye del caminante la prisa, ver, admirar, la naturaleza se precisa.
La vegetación verde que se divisa, el paraje fresco y vivo en su verde vida, la atmósfera pausada, tranquila, en la que el estrés, el mal humor, se disipa.
Sea esta sensación siempre bienvenida, sea siempre con placer del alma sentida, sea por ti en su esplendor recibida, sea, por siempre, de corazón, bendita.
© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga