SÁBADO POR LA NOCHE.

La música suena, invitando al espíritu alegra a bailar, las luces brillan alocadas en el tumulto, no se puede hablar, mas sólo existe para mí una cosa, fácil es de adivinar, deseo, temo, busco, mujer, de tus hermosos ojos el mirar.

La música suena, mis ojos siguen tu cuerpo al andar, no sé como de esa manera a mi alma puedes agitar, y al perderte de vista me invade un inquietante pesar, tus ojos parecen decir, en fin, adiós, me he de marchar.

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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LAS ROSAS.

Cuando escribe uno sobre ciertas cosas, nombrar debe a las flores más hermosas, honrar debe, por ello, sin duda, a las rosas.

Rosas que pese a ser, las más, espinosas, son del jardín de la vida las más deliciosas, son de nuestros afectos y cuidados golosas.

Rosas que son siempre, en sus variedades, preciosas, que son a los vientos, a los afectos, variables, veleidosas, y son, las mujeres, las más bellas de entre las rosas.

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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TODOS LOS DÍAS.

Y mi loco corazón dijo un día, perdona, ¿qué me decías?, y la mía mente le respondió, basta ya, déjate de tonterías, de nuevo te lo preguntare, ¿olvidarla podrías, sabrías?, y mi corazón respondió, compañera, creía que ya lo sabías, olvidarla, claro que sí, te lo aseguro, lo hago todos los días.

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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SE VA.

Se va despacio, se va corriendo, se va deprisa, se va lento, se va triste que no contento, se va, y que se vaya lamento.

Se va despacio, se va corriendo, de en mí el tuyo recuerdo. Se va triste, se va sabiendo, que se perdió el momento.

Se va deprisa, se va lento, sin ningún remordimiento. Se va como fue naciendo, desde el fondo de mí adentro.

Se va triste que no contento, así de mí se esta ya yendo, este de amor sincero sentimiento que yo por ti aun tengo y siento.

Se va, y que se vaya lamento, ya que al irse marchando estoy, en verdad, sintiendo, que mi amor se va muriendo.

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

Original: pagina 1 · pagina 2

TRES RECUERDOS.

UNO. En el sueño me sumí imaginado hacerlo en tu regazo, y ya que no de ti, mujer, de la noche tuve cálido abrazo.

DOS. Quedarme, me queda la fiel y sentida compañía de mis versos que son en mí el sol que da la vida a de ti mis vivos recuerdos.

TRES. Y dicen que es ya tarde, que es ya el tiempo del olvido, y si es así, dime, amiga: ¿Permanecer querrías conmigo?

© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga

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