SÁBADO POR LA NOCHE.
La música suena, invitando al espíritu alegra a bailar, las luces brillan alocadas en el tumulto, no se puede hablar, mas sólo existe para mí una cosa, fácil es de adivinar, deseo, temo, busco, mujer, de tus hermosos ojos el mirar.
La música suena, mis ojos siguen tu cuerpo al andar, no sé como de esa manera a mi alma puedes agitar, y al perderte de vista me invade un inquietante pesar, tus ojos parecen decir, en fin, adiós, me he de marchar.
© Marcelo Vicente Miralles Aguiñiga